Búsqueda personalizada

domingo, 14 de diciembre de 2014

¿Conoces Tu Ciudad? 5 Planes Para Hacer Turismo Sin Viajar

¿No te ha dado alguna vez la sensación de que los extranjeros que vienen a veranear a tu ciudad la acaban conociendo mejor que tú mismo? En una semana son capaces de visitar muchos más sitios que tú en los veinte años que llevas ahí viviendo. ¿Por qué no aprovechas este fin de semana para hacer turismo sin tener que coger el coche o un avión?

Nos sabemos el nombre del último museo que han abierto, conocemos el exterior de los sitios más emblemáticos y hemos pasado mil veces por calles y parques, pero como parte de una rutina, sin llegar a disfrutarlos. Es el momento de redescubrir tu ciudad, conviértete en turista durante un par de días y disfruta de tus vacaciones sin apenas alejarte de casa.

Un recorrido muy cultural
Simpre que conocemos una ciudad nueva lo primero que hacemos es informarnos de los museos que podemos visitar. De hecho, resultaría impensable pasar unos días en París y no poner un pie en el Louvre. Sin embargo, parece que estamos condenados a no disfrutar de lo que tenemos cerca. ¿Por qué no pasar un día recorriendo los museos y demás exposiciones que existen en el lugar donde vives?

Un respiro por las zonas verdes
A veces pasamos por los parques como parte de nuestra rutina diaria, para ir al trabajo, para hacer la compra… Sin embargo, no estamos disfrutando del encanto de estas zonas. A diario podemos ver a turistas sentados simplemente en un banco, haciendo fotos, descubriendo cada rincón del recinto… Y nosotros, que lo tenemos ahí siempre, pasamos por esa zona sin prestar la menor atención a nuestro entorno. Es el momento de parar, de tomarnos un respiro y de relajarnos en uno de esos parques que hemos pisado tantas veces pero sin estar realmente en él.

Un vistazo al pasado
Todas las ciudades conservan recuerdos de tiempos pasados: edificios, estatuas, puentes, plazas… Estos sitios emblemáticos muchas veces conforman la principal atracción turística y, sin embargo, nosotros, que los vemos cada día, no los tenemos en consideración. ¿Por qué no visitar cada uno de ellos informándote en qué año se construyeron, quiénes lo hicieron y para qué se usaban?

Un paseo por el casco antiguo
Calles, avenidas y callejones, todos con encanto y con historia. Es el momento de salir a la calle y disfrutar de lo que nos rodea, dejarnos conquistar por sus gentes, por sus mercados y por el ambiente que se respira. Muchas calles están llenas de artistas callejeros, músicos y malabaristas, que dan vida a la ciudad y sacan sonrisas. Contágiate de esa alegría y redescubre cada rincón de tu ciudad.

Una comida tradicional
Después de tanto andar y visitar sitios, el estógamo empieza a rugir. ¿Por qué no degustar el plato típico de tu ciudad? Nada de comida rápida, recuerda que un verdadero turista querría ir a un sitio típico, que sirvan platos típicos de la zona y de este modo poder conocer nuevos sabores y texturas.

Cómo Viajar Si No Tienes Un Duro: Creatividad Y Talento A Cambio De Gasolina

El caso del joven Jonay Sosa está dando la vuelta a Europa, literalmente, porque este canario está recorriendo las carreteras del viejo continente ofreciendo su creatividad. Francia, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Noruega… no importa dónde, él ofrece sus servicios y trabaja para diversas empresas durante unos días a un precio muy razonable: gasolina. La iniciativa es curiosa, pero está demostrado que cuando las dificultades económicas llegan, el ingenio del ser humano se agudiza.

Este chico, que es redactor de contenidos y publicista, se quedó en paro hace unos meses. Tan solo tenía una vieja furgoneta y un gran espíritu aventurero, de modo que, después de tratar de encontrar trabajo en España sin éxito, ¿qué más podía hacer para ganarse la vida? Decidió probar suerte lanzando un curioso proyecto bajo el nombre Ideas For Fuel (Ideas a cambio de gasolina).

Esta iniciativa consiste básicamente en ir de empresa en empresa por Europa ofreciendo sus servicios y aportando toda su experiencia. No planea estar más de unos días en cada lugar, ya que quiere limitarse a brindar ideas frescas y que sean nuevas para el equipo. De este modo, es fácil que le contraten, ya que no obliga a quedarse mucho tiempo. ¿Cuál es la remuneración? Gasolina, no pide más, pero a una tasa que marcan las propias gasolineras de la zona pagando 10 litros la hora, ya que Jonay solamente quiere seguir buscando oportunidades en otros puntos y necesita carburante para poder desplazarse con su vieja furgoneta; el vehículo no es solamente su medio de transporte, sino que además es su alojamiento con ruedas. Las cervezas también las considera moneda de cambio, ya que son una forma de estrechar lazos entre ambas partes.

Ya ha recorrido 8 países, trabajado en 10 empresas y dejado atrás 8.000 kilómetros. Esto brinda una oportunidad única para viajar sin rumbo, conocer a muchas personas y aventurarse en un mundo laboral cada vez más complicado, pero que exige de ingenio y creatividad adicional para demostrar la valía del talento. El propio trabajador nómada ya lo ha dejado de considerar un viaje, puesto que no sabe cuándo volverá y se ha convertido en un modo de vida, al menos seguirá así mientras pueda costearse el día a día. Por ese motivo, no se achanta al recomendar a cualquier Milenial lanzarse a una experiencia similar, que ayuda a crecer como persona y a evolucionar laboralmente, al tiempo que se descubren nuevos destinos.

sábado, 13 de diciembre de 2014

El Gobierno Se La Juega A Los Jóvenes: Prohiben Compartir Coche De Viaje

Al Ministerio de Fomento se le está yendo, literalmente, la pinza. Ahora quiere imponer sanciones económicas para todos aquellos que promuevan, oferten o presten servicios para compartir coche y que no dispongan de licencia. Y no hace una alusión directa a timadores o redes de extorsionadores, sino que habla concretamente de páginas como Uber, que anuncian servicios de transporte a pequeña escala.

No se trata de un negocio, en absoluto, sino de una forma de viajar más económica. El sistema, para aquellos que no lo conozcan, es sencillo: alguien oferta el viaje que va a realizar tal día a tal hora e indica el número de plazas que le sobran, posteriormente todas aquellas personas interesadas se ponen en contacto y pagan un precio preestablecido por la gasolina y los peajes, si los hubiera. El conductor no obtiene un beneficio mayor, no cobra por el transporte, ni la conducción, ni el deterioro del vehículo… ¡para nada! solamente reparte los gastos; que en el caso de realizar él solo un largo viaje de ida y vuelta pueden ser muy elevados.

Si se incurre en esta infracción muy grave, las multas pueden ser de hasta 600 euros para los usuarios, de hasta 6.000 para las personas o empresas que promuevan la medida y pueden llegar a los 18.000 en el caso de los reincidentes. Esta medida reguladora viene precedida de la presión que ejercen las asociaciones de taxis y las empresas de transporte, porque lo han visto como una amenaza hacia su negocio. ¿Por qué no entra al trapo el Ministerio de Medioambiente? Podría defender que al compartir un vehículo se reducen los índices de contaminación. Eso se supone que es positivo, pero claro… prefiere evitar un conflicto interno en el Gobierno; sí, estamos hablando de que les unten bien y se repartan el pastel.

¿Por qué España siempre está a la cola de todo? Países europeos como Francia o Alemania utilizan este tipo de servicios desde hace años y sus Gobiernos son los que están más conformes con la medida. Hay menos contaminación, menos tráfico, menos accidentes porque los conductores no se duermen…

Es cierto que hay dinero negro no declarado en estos trayectos, pero, señores Ministros, ¿por qué se obcecan en buscarles las cosquillas a los más débiles por 5 míseros euros, cuando los que realmente defraudan millones tienen imperios que ustedes mismos les sirven en bandeja?

Si Quieres Descubrirte A Ti Mismo, Atrévete A Viajar Solo

Recuerdo que, durante los preparativos de mi viaje a Polonia, me alegró saber que no iba a ser el único; nada menos que otros tres estudiantes de mi facultad me acompañarían. Sin embargo, con el paso de los meses, descubrí que prefería viajar solo. Si me acompañaban mis paisanos, me diluía entre ellos, me resguardaba tras la seguridad del grupo, me acomodaba. En cambio, cuando no había nadie en quien apoyarme, llevaba a cabo proezas de las que me creía incapaz hasta entonces. Ese fue el gran descubrimiento de aquella odisea: viajar solo te enseña lo mejor de ti mismo.

Un ejemplo práctico: el uso del idioma. No voy a aburriros con los entresijos de la lengua polaca; baste decir que es muy difícil. El caso es que me resultaba extremadamente complicado utilizarla cuando me encontraba con alguien conocido, mientras que, si estaba solo, la empleaba sin remilgos. ¡A fin de cuentas, no quedaba otra! Por eso, y también por cambiar de aires, me acostumbré a ir de restaurantes por ahí. Yo solo. Sin nadie más. ¿Podéis haceros una idea de la sensación que me invadía entonces?

Era de auténtica satisfacción, de independencia, de seguridad. Si me apetecía comer fuera, salía a comer fuera. Y punto. No necesitaba a nadie para hacerlo. Yo solo era capaz de coger un autobús, buscar mesa, preguntar por un plato y pedir la cuenta. Y todo en correcto polaco. Al menos, lo suficientemente correcto como para que me entendieran.

Pero lo que más me complacía no era pedir “kurczak” y que me trajeran pollo, sino descubrir que podía hacerlo. Y que me gustaba hacerlo. Y que lo hacía agradecido. Sonriente. Nunca antes había pronunciado con tanta frecuencia la palabra “gracias”, igual que fue allí la primera vez que tuve una cita con una desconocida. También acudí a ver “El Fantasma De La Ópera” (sí, en polaco) y el “Réquiem de Verdi“. Y en los parques, que allí son prácticamente bosques, me comieron los mosquitos.

El colofón de esta historia lo representa mi regreso a España. Aquello sí que fue una odisea, porque tuve que tomar dos autobuses para atravesar Polonia de parte a parte, antes de llegar a Cracovia y coger el avión a Málaga, donde ya me recogieron en coche y me cargaron en el asiento trasero en dirección a Córdoba. 24 horas de viaje en total. De reloj. Y completamente solo. Solo con mis maletas, con mis recuerdos y con mis pensamientos.

Y conmigo mismo. Con ese yo interior que tan a menudo dejamos olvidado.

Todos necesitamos apoyo pero, a veces, es necesario deshacernos de él. Porque, cuando estamos solos, no lo estamos realmente. La soledad es la batalla contra uno mismo, el momento en que afrontamos nuestro propio reflejo y descubrimos en él de lo que somos capaces.

Viajar es la mejor ocasión para hacerlo, porque los kilómetros que nos separan de todo aquello que conocemos impiden que caigamos en la tentación de escapar.

¿Acaso no somos la generación sin fronteras? ¿Los jóvenes del inglés, la Unión Europea y las becas Erasmus? Pues dale sentido a todo eso y anímate a viajar solo. Lo que encuentres, te sorprenderá.

6 Ventajas De Viajar Solo En Tus 20’s

1. El mundo es un lugar enorme
En mayor o menor grado, todos estamos afectados por la miopía del egocentrismo. Es una enfermedad común que nos impide ver más allá de nuestras narices, reduciendo el mundo a nosotros mismos y unos pocos centímetros a nuestro alrededor, dependiendo de la morfología de tu nariz. Lo que se come en mi casa es lo mejor, las fiestas de mi pueblo son insuperables, la música que escucho es genial… Y así vamos sesgando nuestros gustos según el lugar en el que vivimos. ¿La solución? Viajar, conocer y vivir experiencias nuevas. Gente diferente, comida diferente, música diferente… Ábrete a lo nuevo y disfrútalo.

2. Siente la libertad, tú decides
Esta es la principal ventaja de viajar solo. No dependes de nada ni de nadie. El mundo está a tus pies, girando y ofreciéndote una inmensa variedad de posibilidades. En tu mano queda decidir qué camino tomar, qué sitios visitar y cuánto tiempo te quedarás en cada uno de ellos.

3. Compensa el dinero con energía
No necesitamos grandes lujos ni comodidades para disfrutar del viaje. Aprovecha que estás en tus 20’s para viajar por mucho menos. Nuestros cuerpos son todavía demasiado jóvenes como para necesitar un billete en primera clase. Hostales, pensiones, albergues… qué más da el lugar donde duermas cuando hay tanto mundo por ver.

4. Tiempo para conocerte a ti mismo
Es bastante posible que pensemos que nos conocemos muy bien a nosotros mismos. Ya he crecido, he madurado y este soy yo. Sin embargo, la realidad es que nos hemos conocido a nosotros mismos en el día a día, viviendo las mismas situaciones, rodeados de la misma gente y en una misma cultura. Por consiguiente, cabe pensar que tan solo conocemos una parte de nosotros. Tal vez si viajamos, vivimos nuevas experiencias y afrontamos retos, lleguemos a conocer otra parte de nosotros mismos que se había mantenido oculta en la rutina, a la espera de esas nuevas situaciones y lugares.

5. Aprende a amar
El mundo está repleto de cosas maravillosas preparadas para ser amadas. Países, gente, comidas, culturas… un sinfín de experiencias nuevas de las que te acabarás enamorando. Déjate invadir por los cinco sentidos, que los sabores se mezclen en tu boca y los sonidos ericen tu piel. Y así, con el alma henchida y una sonrisa de oreja a oreja, aprenderás a amar cuanto te rodea.

6. La recompensa de viajar
Párate a pensar en la cantidad de cosas que compras a diario. Jamás llegarán a aportarte tanto como viajar. Y es que el dinero que gastes en un viaje nunca caerá en saco roto, puesto que te será devuelto en forma de recuerdos inolvidables, experiencias y vivencias increíbles, así como amistades en los cinco continentes. Siempre volverás a casa con la sensación de ser un poquito más sabio.