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jueves, 13 de febrero de 2014

Gruyères

Gruyères

 Es cierto que su famoso producto no lleva la ‘s’ final y que éste toma el nombre de la comarca (Gruyère) pero cuando se cita a este coqueto pueblito prealpino es inevitable pensar en queso y en vaquitas salpicando las verdes laderas. Luego convence con su idílica postal, con su disfrutable castillo ducal y sus grandes chalets consagrados hoy al alojamiento y a la fondue. Y al final ya sorprende con otras rarezas como su museo HR Giger, su bar alienígena o su completísimo museo de arte tibetano.

Rocamadour

Rocamadour

 El tirón de este famoso ‘sitio’ de Francia (el segundo más visitado del país) fue aprovechado por los productores de queso locales para que bautizara a los delicadísimos quesitos de cabra de sus fromageries. Con razón, ya que los peregrinos fueron los que universalizaron estos suculentos bocados. La parte no comestible de esta simbiosis es un pueblo espectacular que hace equilibrio en el acantilado sobre el que la fe (y el parné) ha levantado todo un santuario imprescindible.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Camembert (Orne)

Camembert (Orne)
 Pues resulta que en esta pequeña localidad, un día remoto de finales del Siglo XVII, a una paisana llamada Marie Harel se le ocurrió hacer un queso cremosísimo y comercializarlo en una cajita de madera. Lo llamó como el lugar: Camembert, y sin querer hizo que este pueblo perdido en mitad de bosques normandos fuera un destino idóneo para escaparse por sus construcciones decimonónicas, sus iglesias puntiagudas y sus callejuelas adoquinadas. A todo ello, el queso le sumó un museo y granja turística, la de Président.

Appenzell,

Pueblos con nombre de queso (como Appenzell, que tiene su propio pueblo y su propio cantón)

Cada vez que los oímos nombrar el cuerpo reacciona cual perro de Paulov segregando saliva. O respondiendo con un “aaaaaah” de placer a lo Homer Simpson. Es la magia de este alimento sabroso y su capacidad de adicción. Pero tras sus nombres hay una historia y también un precioso pueblo homónimo que merece una buen paseo. Aunque sea para hacer hambre antes del atracón.

Un glaciar que se puede recorrer desde adentro (Mendenhall, Alaska)

El glaciar Mendenhall es un gigante de hielo de 12 kilómetros de extensión en Alaska. Y si bien miles de visitantes se acercan a mirarlo desde lejos, pocos llegan a sorprenderse desde su ángulo tal vez más curioso: su interior. El aumento de la temperatura a provocado el retroceso del glaciar, mientras el deshielo va tallando cuevas internas, creando un mundo “surrealista” de colores turquesa en constante cambio:

Para llegar a éstas cuevas de hielo dentro del glaciar, hay que emprender una travesía que requiere un tramo en kayak, caminata, escalada en hielo, y claro, el animarse a adentrarse en cavernas que en algún momento podrían desplomarse. El espectáculo visual será tan curioso como puede verse en éstas fotos seleccionadas: